[ Sólo porque lo dice el documento ]
Faltan dos meses para cumplir los 40. En los últimos años se acostumbra aquí festejar el pasaje de década. En mi caso, como siempre lo digo, no siento realmente que soy una mujer de 40. No estoy negada, simplemente que mido el tiempo de otra manera.
Siento que estoy recomenzando. La vida me dio una segunda oportunidad. Estoy tratando de hacer las cosas mejor, o quizás sea mejor ponerlo en otros términos. Estoy tratando de vivir mi vida ubicándome desde un lugar diferente.
Hoy mantengo mi casa, pago mis impuestos, me ocupo de los quehaceres del hogar, del consorcio del edificio, trabajo de manera independiente, crio a dos hijas en tiempos dificiles, cuido el tiempo para los amigos y también le dedico un tiempo a mi pareja.
A los 18 años soñaba en muchas cosas pero carecía de experiencia.
A los 40 me estoy sintiendo una mujer plena. La experiencia de vida me ha marcado pero también me ha dado otra mirada. Lentamente he saneado gran parte de mi vida. Sigo enfrentándome a aspectos de mi persona que no me agradan, pero que intento integrarlos porque son parte de mí. Intento ser una buena madre para mis hijas, aunque no siempre conserve la paciencia necesaria para enfrentar todas las circunstancias que ellas me plantean. Me equivoco, dudo, pero intento repensar las cosas para ver qué es lo mejor.
Intento cuidar todos los espacios. Soy madre pero también mujer. Llevo adelante muchas cosas pero también tengo mis zonas de inseguridades. Estoy hoy en paz aunque haya momentos donde la calma desaparece. He aprendido que la vida son como olas que vienen y van, con momentos verdaderamente buenos y otros no tanto, quizás para valorar los primeros, quizás solo porque la vida integra la dualidad.
Hoy estoy haciendo muchas de las cosas que no hice a los 22. Principalmente, ocuparme de mí. Aposté a enfrentar el duro proceso de la separación con la esperanza de que muchas cosas mejoraran en el futuro.
Hoy por hoy tengo unas hijas fuertes, sanas, que viven plenamente sus actividades, van al colegio, tienen amigas y actividades sociales crecientes. Cada una transita su edad sabiendo que tienen padres separados, pero presentes, muy presentes. Cada uno le da lo que puede. Ellas lo saben. Lo que no les falta es el amor tanto nuestro como de la pequeña familia de tíos y abuelos.
Mi terapeuta me dijo la otra vez: "Llegan los 40. Es una gran noticia. Estás en la mejor edad para hacer muchas cosas".
Así me siento hoy. Algunas cosas las disfruto como si fuera la primera vez.
sábado, 26 de abril de 2008
Llegan los 40
Y las chicas crecen
[ El tiempo pasa rápido ]
Ayer les estaba poniendo los pañales, hoy viernes por la noche cada una hizo un plan. La más chiquita quiso ir a la casa de su tía a dormir, la más grande también, pero previamente me pidió permiso para ir al cumple de un amigo: su primer cumple-baile.
Accedí esta vez. Obviamente que porque era en el contexto de un cumpleaños, en un pelotero con disco para chicos (por lo que averigué en la web) e iban las nenas más tranquilas del grupo.
Ella estaba entusiasmada planeando ese momento y la vestimenta, ya que quería que la saquen a bailar (con ese dato me enteré que regresamos a la buena costumbre de que bailen chicos con chicas).
Así que la llevé a una, luego a la otra. Volví a casa para entrenerme con una película y un café hasta que se hicieran las 24, hora de ir por la más grande.
Fue muy movilizador. En el camino recordé mis primeros bailes a los 16 y que mi papá se pasaba en un bar de la esquina tomando algo hasta que salíamos con mis amigas. Ahora era yo quien andaba por la noche buscando a mi hija. Al llegar, los padres (varones) pasaban a buscar a sus chicos, yo fui la única madre que pasó por allí sola. Eso me recordó que hace 2 años me preguntaba cómo haría ante una situación así y hoy me daba cuenta que sólo haciéndolo. Me dije: Tengo la posibilidad de compartir muy de cerca este momento para su crecimiento. Me di cuenta que empezarán muchas noches como éstas.
Subimos al auto y estaba felíz. Me contó que la sacaron a bailar varias veces y me dio detalles de lo que hicieron junto a los animadores del lugar. Fue su primer baile y la había pasado bárbaro. La dejé en la casa de su tía y me regresé a casa. En el camino fui testigo de varios operativos policiales con adolescentes. La noche de Buenos Aires no es sencilla. Pensé que mi hija prontamente estaría también tan expuesta a estas situaciones. Me preocupé pero traté de pensar que ya veríamos qué hacer llegado el momento. Quería disfrutar de que a pesar de mis nervios (porque incluso al dejarla hice un diagnóstico del lugar con un rápido escaneo) ella estaba felíz. Verla felíz me hace bien.
Hace meses que venimos con una puja entre ambas de la mano de una fuerte adolescencia anticipada. Ahora soy "mala" porque no la dejo ir a los bailes, porque no le dejaba tener un celular, porque no quería que se vaya sola a almorzar en un Burguer con sus amigas durante la jornada escolar.
Sale malhumorada, está muy contestadora, es un torbellino de arrebato por momentos. Y aquí estoy, corriendo de aquí para allá y ante la pared de una gran lista de reclamos, porque muchas de sus compañeras tienen otros permisos que no coinciden con los de ella.
Me siento que soy padre y madre a la vez, con muchos NO en el frente. Trato de hablarle y decide no escuchar. Por eso, trato de escuchar las ideas que surgen en terapia y que me parecen que vale la pena pensarlas. Hace dos semanas, empecé a contar más de 20 veces antes de responder, estoy dejando que se descargue y sólo cuando veo que está tranquila ahí le hablo. No me malengancho. Muchas veces termina en cierto sentido dándome la razón, pero luego de un largo camino de idas y vueltas. Muy desgastante. Dice que "los tiempos cambiaron", dice que yo "no entiendo". Lo que entiendo es que estamos en momentos difíciles, estoy intentando despegarme de la formación que tuve para entender esta nueva realidad, pero sigo pensando que ciertos valores hay que respetarlos aunque la tele y todo un contexto mayor vayan contra esta corriente.
Me sirve mucho la visión de Ariel, educado de otra manera. Lo escucho y presto atención a cuando marca ideas de mi propio discurso que deben ser revisadas. A veces es él quien habla con ella, la calma, y luego conversamos para ver qué es lo mejor.
Insisto, no hay recetas, pero trato de ser coherente con algunas ideas y hablarle mucho. Ella es una señorita muy reflexiva, confío que algún día las aguas se calmen. Empezó una etapa difícil.
lunes, 7 de abril de 2008
Vacaciones en pareja
[alejados del mundanal ruido]
Aunque parezca absurdo, jamás conviví con mi ex marido antes de la luna de miel y las vacaciones juntos representaba un pequeño proyecto conjunto y quizás también la pregunta de cómo nos llevaríamos, ya que salvo los fines de semana, nunca había compartido más días juntos. A Ariel le encantan las montañas, soñaba hace tiempo visitarlas, y como recién venía de estar en la playa con las nenas, partimos hacia Bariloche.
Son 1600 km en auto, con lo cual, compartimos la conducción. El viaje de ida lo hicimos de un tirón, la vuelta la disfrutamos por tramos, incluso parando en lugares desconocidos pero que nos conquistaron enormemente, pernoctamos en Tornquist, almorzamos en Casa de Piedra, un restaurante de Sierra de la Ventana, y paseamos por las callecitas pintorescas de Villa Ventana. Supongo que queríamos dilatar nuestro regreso, por tanto, fuimos haciendo el trayecto sin mayores planficaciones previas.
En Bariloche alquilamos una cabaña frente al Nahuel Huapi. Hicimos una vida muy casera, con algunas caminatas y salidas para cenar. No frecuentamos el Centro de la ciudad, porque estábamos a 7 km y preferíamos quedarnos por allí. Sólo acudimos por trámites o para comprar sus ricos chocolates.
El lugar que más nos atrapó fue Bahía Lopez. Nos recostábamos bajo un árbol y pasábamos 8 horas sólo viendo el paisaje lacustre y las piedras y montañas de los alrededores. Leíamos, conversábamos, tomábamos mate. Simple, pero sumamente relajante.
Cuando tomamos la ruta de regreso sentimos que dejábamos un lugar que nos hipnotizó por completo. Ariel disfruta de ese paisaje tanto como yo. A mí me trasmite mucha paz estar frente a un espejo de agua, ya sea un lago o un mar. Me ubica en otra dimensión.
Si bien en principio no teníamos planeado ir de vacaciones juntos (todo surgió de una conversación casual), hoy no nos arrepentimos. Nos llevamos muy bien. Ambos podemos ser muy simples en los gustos y la conviviencia fue tranquila.
Mis hijas y el amor
[ El momento ]
Una vez encaminada la separación, otra gran preocupación era qué hacer si tenía una nueva pareja. Cómo esto podría impactar en las nenas.
Tuve muchas cavilaciones en este sentido. No quería empezar una relación y exponer a mis hijas a un nuevo fracaso de pareja. Tampoco podía saber al comienzo de una nueva relación, si funcionaría. Esto lo discutí con varias personas. Soy testigo de muchas mujeres separadas que luego reconstruyen su vida y tienen buenas experiencias en pareja. Algunas con hijos e incluso nuevos chicos con sus recientes parejas. Quería preservarlas. Habían sufrido mucho. El padre es el padre, lo defenderían.
Mi tranquilidad sobrevino con el divorcio. Con los papeles en orden me sentía más segura.
El tiempo sólo se fue dando espontáneamente. La primera vez que invité a Ariel a casa, fue en un feriado. Estaría con las nenas en casa pero tenía muchas ganas de verlo. Le advertí que estaría con ellas y que sería su decisión venir o no. Aceptó sin mayores problemas aunque se vino cargado de notebook y cámaras para entretenerlas (no estaba acostumbrado a estar con chicos, ya que es soltero y no tiene sobrinos).
Con las nenas preparamos una torta de chocolate. Tomamos mate y más que estar juntos, estuvieron juntos ellos, las nenas y Ariel. Más tarde me pidieron permiso para invitarlo a cenar. Luego hubo una nueva propuesta más adelante y hoy, ya pasado mucho tiempo, siempre preguntan cuándo viene a casa. Tienen una excelente relación. Ariel sabe adaptarse muy bien a las dos edades y tiene mucha pero mucha paciencia.
Un domingo fuimos al parque de juegos de Luján y la pasamos bárbaro. No lo teníamos previsto pero quería celebrar que la más grande estaba señorita y que la chiquita comenzaba el primer grado.
Si bien estuvo quien me dijo que tuviera reparos en cuándo presentarlos, todo fue muy natural. Por otra parte, no puedo proteger de todo a las nenas. Algunas relaciones crecen, otras se terminan, porque así es la vida (eso lo aprendí de José). Estaba segura que les estaba presentando a una gran persona, porque pase lo que pase, Ariel es un excelente ser humano. No es mi opinión personal, sino de todos los que lo conocen. No estaba siendo precipitada, ya que llevábamos un tiempo conociéndonos y viendo que nos llevábamos bien. Lo que vendrá (bueno o malo), nadie lo sabe.
Mi presente está bueno
[ Disfrutémoslo ]
A los 15 años nos hicieron hacer en el colegio un ejercicio de visualización. La consigna era imaginar cómo nos veíamos a los 40. Recuerdo haber pensado en una escena familiar: un desayuno. Una mesa con varios chicos. Todos partíamos hacia nuestras actividades, pero la relación era armónica. No alcanzaba a divisar el aspecto físico de mi pareja, pero tenía la certeza que llevábamos una buena relación entre nosotros.
Hoy desayunamos las 3 solas, pero salvo alguna que otra ocasión, nuestras mañanas son tranquilas.
No tengo la mesa llena de chicos (bah, tengo dos que valen por 4) y no convivo con mi pareja, pero tengo una excelente relación con él.
Ariel puede ser mi amigo, un compañero de trabajo y también mi amor. Cada uno tiene múltiples actividades. Tenemos edades y situaciones de vida diferentes, pero existe mucha comprensión entre ambos. Siempre encontramos la manera de estar comunicados. Tenemos los espacios personales, los espacios para disfrutar con amigos, los espacios para disfrutarlos con las nenas y otros para estar solos.
Siento que es la primera vez en mi vida que estoy construyendo un vínculo SANO de pareja. Doy y me dan libertad, cada uno es responsable por lo que hace con esa libertad. Siento que puedo sacar lo mejor de mí. Entrego pero también me entregan mucho. Es un ida y vuelta que nos enriquece a ambos. No proyecto demasiado, vivo el día a día.
Mi terapeuta me decía al respecto, el futuro está lejos pero tené por seguro que se construye hoy.
Volver al volante
[ Conducir mi vida ]
A los 14 años mi papá me había estimulado a que aprendiera a manejar. Lo había hecho. Obtuve a los 21 mi carnet de conducir, pero no me sentía totalmente segura. Cuando conocí a quien sería mi marido tenía un autito y en nuestras salidas, era yo quien lo pasaba a buscar. Mi ex marido no había manejado nunca. Trascurridos unos años de casados, luego de pagar el departamento, pudimos acceder a la compra de un nuevo auto en cuotas. Fue en ese momento que empecé a enseñarle a manejar. Luego hizo un curso y sacó como corresponde su licencia. Me embaracé de mi hija mayor y a los 8 meses de embarazo dejé de conducir. Nunca más pude volver al volante. Aún como acompañante me sentía temerosa. El tránsito de Buenos Aires se había tornado para mí muy agresivo. Yo estaba centrada en el cuidado de mi nena. A la distancia creo que de alguna manera entregué el volante del auto e inconscientemente mi vida.
Luego de separada y con motivo del Día de la Madre recibí otro regalo especial: un auto (si, aunque no lo crean soy muy afortunada, este regalo vino de la mano de mi papá). Pasé el mes más nervioso de mi vida. Realmente lo necesitaba con las dos nenas y sus actividades que iban en aumento. Lo tuve estacionado algo más de un mes en la puerta de casa y no me animaba a salir de nuevo a las calles. Me sentía incapacitada. Habian pasado 10 años sin conducir. Pero la necesidad era mayor. Un día me puse una fecha límite y saqué turno para los exámenes. Esta vez quería probarme que realmente estaba capacitada como para conducir. Quería hacer las cosas bien. Me bajé toda la información de internet. Fui a charlas y asistí al curso reglamentario de una semana. El dia del examen iba decidida a dar sólo hasta la instancia teórica porque quería practicar más para el examen de conducción en la pista. Me habían advertido que el examen no era sencillo. Pasé todos los estudios: físico, psíquico y la prueba teórica me pareció sencilla. Mi papá me dijo que no tenía nada que perder. Llegado el momento decidí intentar en la pista de examen. La primera prueba fue el estacionamiento de cola con un máximo de tres maniobras y con la distancia reglamentaria respecto del cordón. Fallé. Me acerqué al inspector y le dije que no estaba bien hecho. Pedí una nueva oportunidad. Me la dio a regañadientes. Estaba nerviosa, pero esta vez lo hice exitosamente. Luego sobrevino el circuito marcha atrás y los conos, con los cuales me había hecho una gran fantasía. Lo superé perfectamente. Al llegar al final del circuito me dijeron que había terminado. Podía entregar el auto y buscar mi carnet. Bajé del auto y lloré. Nadie sabía lo que significaba esto para mí. Fue más que una prueba de conducción. Fue la manera de sentir que volvía a tener dominio sobre mi vida, volvía a ganar independencia. Y ahora un organismo oficial había determinado que estaba capacitada. Fue otra mañana clave en mi vida.
El Día del Amigo
[ Hermanos del corazón ]
El día del amigo del 2007 decidí que tenía que preparar algo especial para todos mis afectos. Estaba saliendo de mi duelo por la pérdida de personas muy queridas para mí y no hubiese podido sin la contención de muchas personas.
Mary me llamaba todas las semanas.
Mi hermana soportaba mis llantos al teléfono.
Ana me llevó a mejorar mi situación económica.
Ana María me enseñó el valor de gestionar un espacio personal.
Gustavo me escuchó todos mis temores previos a la separación.
Liliana me cobró $ 5 la sesión de terapia porque no podía pagar el monto que correspondía.
Raúl me daba ánimo con un su aliento por mail.
Las parejas de mis amigas me acercaban a casa para que no anduviera de noche sola por la ciudad.
Claudia me mandaba un mail cortito preguntando "Cómo estás amiga".
Rubén, un reciente contacto laboral, me llamaba de vez en cuando para ver cómo estaban las cosas en casa.
Marina me encontró una vez en el Mc Donalds y me dijo: ¡Qué alegría encontrarte!...¿Cómo no me llamaste?, hubiésemos al menos llorado juntas"...
Gaby me presentó a su tío adorado porque quería un buen hombre para mí.
Patricia destinó un sábado por la noche para enseñarme tejido.
Gaby me tocó el timbre con empanadas el día después de saber que había perdido a mamá.
Charly me mandaba un mail telegráfico para saber si estaba mejor.
Luciano no dejó de enviar su mail mensual para ver cómo estaba.
José soportó la angustia posterior a la suma de varias pérdidas.
Beba se preocupó, me preparó comidas ricas y me alentó a trabajar para estar mejor.
Fueron muchos los gestos incluso de gente que desconocía que estuviera pasando por un mal momento pero que puso una sonrisa en mi cara con una palabra.
A todos ellos les estaba enormemente agradecida.
Redacté un mail especial para cada uno.
No podía faltar la persona con quien hacía meses había terminado una relación amorosa. Fue la persona que me hizo sentir viva otra vez. El tambien fue el destinatario de mi envío especial.
Pero nunca imaginé que iba a recibir su llamado. Era Ariel.
Conversamos casi una hora al teléfono cuando mis hijas propusieron que lo invitara a cenar. Aceptó. Aquí lo teníamos a las 20.30. Charlamos mucho, tanto, que se hicieron las 7 de la mañana.
Lo que no teníamos previsto ninguno de los dos, fue el beso y abrazo de despedida.
Fue especial. Ambos lo estábamos necesitando. Se sintió maravillosamente.
Luego de eso vino el gran planteo: qué nos pasa.
A la semana siguiente fuimos a tomar un té y nos pusimos a charlar sobre lo que había pasado ese día. A pesar de las dudas, y habiendo aclarado los motivos del corte abrupto del año anterior, reanudamos la relación. Ambos estábamos cambiados luego de un 1 año de separación. Hoy creo que estuvo bueno este paréntesis. La relación ahora es diferente, más comprometida. Hoy estoy segura que valió la pena esperar.
Nuestras primeras vacaciones
[ Familia de 3 ]
Las dos primeras vacaciones luego de separada fuimos a la casa de una amiga en Misiones. Disfrutamos mucho del reencuentro. Las nenas podían quedarse hasta tarde jugando con los chicos del barrio. No había mayores peligros. Visitamos a la familia e hicimos diferentes salidas. El único inconveniente fue que la más chiquita tuvo un broncoespasmo. Tuvimos que salir a la ruta en la madrugada para ir al sanatorio de la ciudad, a 15 km. Había llevado todo menos el nebulizador, porque el médico me dijo que no era necesario. Por suerte en la guardia la sacaron de la crisis. Con ella a cuesta buscamos una farmacia para comprar un nebulizador con el que continuar el tratamiento. La avenida estaba desértica, solo unas trabajadoras de la noche y yo, con mi mochila y la nena. Un taxista que pasó por el lugar, al verme dio la vuelta, accedió a cobrarme más barato (el transporte en taxi o remise es muy caro comparado con Buenos Aires) y nos llevó de regreso a la casa de mi amiga donde nos hospedábamos.
El tercer año ya pude destinar un dinero mayor para irnos solas. Nos inclinamos por la playa y elegí San Clemente del Tuyú porque es familiar, cercano y quería que las nenas conozcan Mundo Marino. Hice un par de averiguaciones previas con gente conocida, hice la reserva online y por suerte las recomendaciones estaban al nivel de nuestras expectativas. Nos sentimos como en casa (era nuestra primera salida solas, con lo cual, no quería ir a un lugar que no fuera un tanto familiar).
Las nenas estuvieron contentas en el hotel. Tenía acceso a internet, comida casera y una gran sala de juegos electrónicos y de mesa. Visitamos Mundo Marino y también las Termas.
Si bien la más chiquita sufrió un cuadro de intoxicación que casi me lleva a internarla, los primeros días los disfrutaron a pleno. Esto compensó el cuadro anterior, los nervios porque sólo hay un pediatra y una guardia precaria, a pesar de contar con cobertura de una prepaga.
No tenía auto, con lo cual, me movilizaba con remise. En la madrugada tuvimos que hacer varios viajes porque temía que se deshidratara a raíz de los vómitos que no se detenían. Las sacaba de la cama y todas íbamos a la clínica local. Fue una gran corrida, pero por suerte pasó.
También me dije otra vez: "No me puede pasar esto"... Pero en la sala de espera de aquella clínica no era la única mamá angustiada... Me sentí acompañada.
Los papeles
[ La cuestión legal ]
Luego de dos años, luché por obtener mi divorcio. Quería cerrar de alguna manera el proceso y sobre todo, obtener tranquilidad legal.
Traté de lograr un divorcio de mutuo acuerdo entre las partes. Un acuerdo flexible en cuanto a la regulación de la relación con las nenas y un acuerdo privado por el tema económico.
Tardé un año en poder hacer ingresar el escrito al juzgado. Mis llamados al abogado pasaron de ser mensuales a ser semanales, hasta que pudimos sentarnos los 4 y llegar a un acuerdo (nosotros y nuestros abogados).
En mayo de 2007 obtuve el divorcio vincular y la tenencia de las nenas. Le pedí a mi abogado que en el escrito tuviera en cuenta un régimen amplio de visitas y en cuanto a las vacaciones, dejaba asentado que acordaríamos este punto, según las posibilidades de cada uno. Nuestro acuerdo informal fue destinar un mes para que las nenas descansen, sin escuela ni colonia de vacaciones. Como ambos trabajamos, nos encargaríamos 15 días cada uno. En ese período suelo llevarlas de vacaciones, fuera de la ciudad.
Tras vivir esta tensión durante un año, el 18 de mayo recibí el mensaje de que el juez, sorprendentemente y sin citarnos, había firmado el divorcio. Estaba legalmente separada. Fue increíble. Me había costado llegar a esa instancia. No podía creer que sin pasar por citaciones lo hubiese obtenido. Fue una gran paz, una sensación de que ahora están las cosas en orden, pero también por la noche me vino a la mente un aluvión de imágenes (el noviazgo, el casamiento, el nacimiento de la nenas). Me sentí nuevamente angustiada. Había hecho todo prolijamente para obtener este resultado, pero este resultado también daba cuenta del fracaso. No es fácil aceptar el fracaso personal, solo se termina aprendiendo a convivir con él. Ese fin de semana, no fue uno de los mejores en este proceso. Es muy fácil tramitar una unión legal, pero deshacerla tiene un costo inconmensurable.
¿Y ahora qué?
[ Todo cambia ]
Me planteé muchas cosas luego de la separación. Soy geminiana, y como tal, necesito intelectualizar las situaciones para poder comprenderlas. Mi cabeza no paraba. Pero hubieron dos momentos en que hice la gran pregunta: ¿Y ahora qué?
Un año antes de separarme hubiese sido inaudito hablar siquiera de una separación. No estaba dentro de mi escala de posibilidades. De hecho, tenía previsto tener otro chico. Pero no pudo ser (Dios sabrá por qué).
Hasta aquí había tenido un proyecto de vida bien trazado. Quería otro chico y también cumplir el sueño de la casa pequeña pero con cesped alrededor, para que los chicos pudieran potrear a gusto y tener una mascota. Habíamos incluso hecho una inversión en Colonia del Sacramento (Uruguay) pagando en cuotas una casa cercana al río, donde esperaba pasar la tercera edad.
En un abrir y cerrar de ojos, toda este sueño se había desmoronado. La seguridad de ese proyecto se había diluido. Me mortificaba desconocer qué podría pasar con mi vida y la de mis hijas de aquí en más.
Pero continúe.
Con la muerte de mamá resurgió la pregunta.
Me crié con una madre enferma, tratando de entenderla, queriendo que hiciera algo para salir del encierro de su enfermedad. Pero ningún intento resultaba.
Era domingo por la tarde, la acompañé luego del almuerzo a que regresara al geriátrico donde vivía por aquellos días. Recuerdo que se detuvo un segundo y conectándose con la realidad me preguntó: "¿Y Ariel?" Le dije: "Está bien, atareado trabajando y con la facultad. Tengo que aceptar que nuestros caminos sólo se cruzaron. No se pudo enamorar de mí, mamá".
24 horas despúes recibía un llamado preguntándome en qué sala la velaban (no me habían podido localizar y estaba ajena a que mamá había muerto).
Nuevamente me pregunté "¿Y ahora qué?"
Viví pendiente, tanto como mi hermana, de lo que le pasara. Ya no estaba. Me dejó un gran vacío.
Mi terapeuta rescató que era momento de hacerme cargo de mí. Este era el momento de reconstruir mi vida desde otro lugar, desde un lugar menos egoísta, pensando en lo mejor para mí y mis dos hijas.
Hoy rescato la pregunta que Mamá me hizo antes de irse sin previo aviso. Me he puesto a pensar que quizás a pesar de su enfermedad sabía lo que era mejor para mí. No fue la primera vez que hizo una pregunta clave. Pero esa vez no supe escuchar.
Me quedo con eso.
sábado, 5 de abril de 2008
Entre jazmines y velas aromáticas
[ Dándome mimos ]
Al llegar octubre, quien era mi marido solía llegar a casa con Jazmines, mis flores preferidas por su color y fragancia. Me encantaba sentir el aroma de su perfume en mi casa.
Mi situación había cambiado. No tenía quien me las trajera. Decidí que era momento de consentirme.
Empecé a comprar mis propios jazmines. Llené la casa de ellos. Luego compré hornitos, velas y esencias para perfumar el ambiente. Me gustan las esencias de durazno, vainilla, melón y rosas.
Fue la manera que encontré de transformar este hogar nuevamente en un lugar acogedor. Cambié el mobiliario de la cocina, compré algo más chiquito, acorde a nuestra familia de 3.
Me deshice de cosas que ya no necesitaba. Renové almohadones, pinté, arreglé paredes y pisos. Ya tenía la cama de una plaza. Vestí de colores cálidos la casa. Naranjas, amarillos, verde manzana.
Una gran decisión fue la compra de la notebook. No desestimaba esfuerzos por comprar cosas a las nenas, pero otra cosa diferente era un gasto para mí. Si bien era una inversión ya que me agilizaría el trabajo, me costó mucho hacer efectiva esta decisión. Recuerdo haber ido a la tienda para aprovechar una oferta y regresar con las manos vacías. Di vueltas hasta que un mes más tarde decidí hacerlo. La necesitaba ya que mi computadora personal estaba muy lenta. Luego hice la compra pero la mantuve cerrada en la caja de embalaje durante otro mes. Me cuestan los cambios. Pero todo llega. Con mucho nerviosismo empecé a ponerla en funcionamiento. Era la primera vez que me iba a ocupar de mi propia computadora. La primera vez que trabajé en ella me di cuenta que dejé pasar mucho tiempo para disfrutarla. Hoy no la dejaría por nada. Un abismo. Estos fueron los hitos paulatinos de otros cambios, de otras mejoras. Me sentía ahora que podía con muchas cosas. Había tomado fuerza.
Me ocupaba del trabajo independiente, de las chicas, del consorcio, de la casa, de mí misma. Fue el momento en que empecé a cambiar lamparitas, tratar con electricistas y albañiles. Empecer a ser dueña de mi destino.
Festejo en grande (de cal y arena)
[ Uno de mis mejores cumple ]
Siempre fui esquiva a festejar mi cumple. Desde la infancia era una fecha asociada a temores e incluso recuerdo la vez que la fecha pasó casi inadvertida para la familia en medio de otras complicaciones.
Pero el cumple del 2006 me encontró otra vez enamorada. Estaba saliendo y probando una relación totalmente diferente con ese ser especial para mí, mi compañero circunstancial de trabajo y amigo de chat. Empezaba a sentirme otra vez viva. Las cosas se estaban encaminando. Las nenas estaban a pleno con sus actividades. La separación con su padre ya formaba parte de su realidad. Si bien los horóscopos auguraban que sería un año dificil (666), redacté un mail para todos mis amigos y los invité con un día de quinta. Era el lugar perfecto para los adultos y también para los chicos porque tenían juegos y espacio.
Preparé todo. Nos tocó un día espectacular. Mis hijas lo disfrutaron al máximo. Siempre me lo recuerdan. Hubo música, juegos y todos mis amigos. Más que festejar un año más, quería celebrar que ya había podido reorganizar nuevamente mi vida y que podía sola. Me había costado mucho llegar hasta allí.
Reuní a amigos que hace tiempo no veía. Otra vez estaba con mis amigas. Por mucho tiempo había postergado mi relaciones con amistades, absorbida en la vida matrimonial. Hoy por hoy las cosas eran distintas. Había aprendido a no desatender los espacios individuales.
Recuerdo el comentario de una de ellas, que me conoce hace 20 años. "Me alegra que estés bien, me alegra que tengas una persona así a tu lado. Me alegra verte sonreir. Me alegra que hayas vuelto a ser la Corina que todos conocíamos". Esto último fue lo más definitorio.
Fue, lejos, uno de mis mejores momentos.
Los meses pasaron y parecieron autocumplirse los malos augurios.
Esa persona que tanto quería decidió cortar nuestra relación abruptamente. Volvió el dolor y los esfuerzos para transitar esta nueva separación lo mejor posible.
A los tres meses murió mamá, aunque esto lo tomé como una bendición porque la vida fue injusta con ella. Una enfermedad casi silenciosa había enajenado su vida. Pero también implicaba otra separacíón.
Tres meses más tarde, me presentaron un muy buen señor (el posible hombre de mi vida, según su sobrina y amiga mía, pero a 800 km). Volví a sentir amor, pero la distancia no pude soportarla. Necesitaba presencia. Tampoco podía cambiar mi vida y sobre todo la de mis hijas de un momento para el otro. Meses despúes decidí cerrar esa relación, aunque hoy podamos conservar la amistad de meses de chat.
Entré en crisis nuevamente. Lloré mi angustia los fines de semana hasta que próxima a llegar mi cumpleaños 39 me dije que no podía hacerme esto. Reanudé la terapia que había cerrado meses atrás. En mis primeras sesiones le dije a mi nueva terapeuta que había decidido ponerme bien. Puse todas mis energía en planificar arreglos y cambios en casa. Dicen que cuando uno se moviliza exteriormente es porque algo en su interior también está transfomándose. Así fue.
El almuerzo más largo de mi vida
[ 12 horas frente al río de San Isidro ]
A él lo conocía hace años por motivos laborales. Comenzaron contactándome con él por un trabajo para reunir una base de imágenes. Me sorprendió la meticulosidad con que organizó la información visual. Al año lo tuve como referente para la correción de un curso en línea. El trabajo lo sacamos por teléfono y el envío del material revisado, por mail. Nuevamente fue un placer trabajar con él. Al tercer año, me encomiendan hacer un curso multimedia. El sería el especialista. Me fue dificil encontrarlo porque tenía actividades disímiles pero llegó el día de nuestra primera reunión cara a cara. Hasta el momento conocía su nombre, su modo de escritura y su voz. Cuando lo tuve enfrente me resultó familiar y si bien me había formado otra imagen física de su persona, me resultó muy agradable, su modo provinciano me hizo sentir muy cómoda. Durante 6 meses trabajamos conjuntamente hasta cumplir con nuestro objetivo. Pasó mucho tiempo y sólo lo veía en la fiesta de fin de año de la empresa. Estaba de novio y decidido a casarse y tener un hijo. Yo me estaba separando, pero nunca lo había mencionado. Cada vez que nos cruzábamos nuestras charlas eran muy amenas.
Pasados unos meses de la separación, me interceptó en el chat a raíz de un pedido por mail y en esa oportunidad me enteré que no solo no se había casado sino que estaba solo. La gran coincidencia fue que la misma fecha en que se rompió su pareja, yo me separaba formalmente.
Solo lo comenté. Ambos decíamos estar bien así. Pasó tiempo. Nos volvimos a cruzar en el chat en varias oportunidades y hubieron dos insinuaciones de invitación para tomar un café pero consideré que no era el momento. Le dije que necesitaba tomarme tiempo para pensar. Al cabo de un año, empezamos a chatear a diario. Las florcitas en mi nick lo llevaron a saludarme. A partir de ahí comenzamos un diálogo más frecuente. Nos contábamos nuestras cosas. El decía estar seguro de la mujer que quería, yo pretendía estar sola hasta los 60 (no bromeaba).
Nuestras conversaciones se habían extendido y me había insistido en un café. Al día siguiente tomé la decisión de invitarlo a almorzar para hablar de mis problemas (iniciativa inusual en mí). Le dije que quería ir a un lugar cerca del río (me gusta el agua). Me pasó a buscar. Estaba nerviosa, hacía mucho tiempo que no salía con un hombre. Almorzamos. Lo observaba mientras me observaba. Nos encaminamos a salir del lugar, pero nos llamó la atención una palmera. Le dije que soñaba con tener una casa como esa. El comentó que le gustaba el estilo. Pero agregué que la quería con una palmera como esa. Habíamos quedado en que llevaría el termo y el mate . Algo nos llevó al parque, cerca del agua. Disfrutamos de la vista y mencioné que tenía el mate (detalle que según me contó luego, representó mucho para él). Nos sentamos en un banco de plaza a llenarnos con el paisaje de veleros y agua de la orilla. Nos reimos tanto que llegamos a pensar que el agua tenía algún efecto "narcótico". No hablamos de mis problemas. Compartimos unos ricos mates, intercambiamos algunas ideas sobre la vida, vimos aproximarse una tormenta que pasó de largo, continuamos riéndonos, merendamos, nos sorprendió la luna y a las 12 de la noche le dije que quería regresar. Estaba cansada. Me despidió en la puerta de casa. Fue el almuerzo más largo de mi vida. Nunca lo olvidaré. Contra los pronósticos de muchos de nuestros amigos, no pasó nada o quizás pasó todo: una gran charla y el placer de compartir ese momento juntos. Si es real que el amor es mágico y que se produce cuando dos personas cruzan su mirada y pueden entenderse sin mayores palabras, aunque sean muy distintas, este encuentro fue su semilla.
viernes, 4 de abril de 2008
Lo bueno está por llegar
[ Decía mi hermana ]
Durante un año muchas veces me encontré tomando el teléfono para llorar junto a mi hermana. Era la persona en quien más podía confiar. Fue la persona que aguantó todos mis autoreproches y temores. Podía ir lentamente ganando fuerza y autoridad con las nenas, pero otra cosa diferente era reconciliarme conmigo misma.
Ella siempre tenía un discurso positivo. Veía la oportunidad. Yo sólo el vaso vacío. Me comparaba a ella, quien había podido sostener en el tiempo una pareja, yo la había quebrado.
En tantísimas oportunidades me había dicho que había tomado la decisión correcta. No podía entender que me sintiera sola. Insistía en decirme que al fin y al cabo todos estamos solos en este mundo. Sólo debía aceptarlo y continuar.
Dos años despúes de la separación, creo que intuyó que estaba necesitando algo especial y con motivo de mi cumpleaños me regaló un libro de un psicólogo brasileño: Sueños. Ella adivinó que los había perdido. Su lectura renovó mis fuerzas. Si numerosas personas habían persistido en sus objetivos, por qué no yo. Fue en aquel año que empezó a acuñar una nueva frase: "Lo bueno está por llegar". Y hoy sé que tenía razón.
Un día de la madre graduada
[ Con el alta de la más pequeña ]
Tras 3 años de tratamiento, próximo al domingo del Día de la Madre (octubre, 2007) fui al control en el Centro Neumonológico donde atendían a mi hija menor. Fue el lugar al que íbamos cada quince días para chequeo por parte del equipo de especialistas: neumonólogo, psicólogo, otorrino y los técnicos en pruebas audiométricas y alergias.
El médico de cabecera examinó a la chiquita y leyó todos los estudios. Habían bajado los valores de alergia. Suspendió la medicación y me dijo con una sonrisa, "ya está bien". Pueden regresar en unos meses para control. Se habían terminado las emergencias, las nebulizaciones.
Pasó 15 meses sin un episodio de broncoespasmo. Ya hablaba más fluidamente y expresaba sus enojos en palabras.
El médico sabía lo que significaba eso para mí. Me había tenido allí con cada episodio para cotejar la forma como había actuado ante la crisis (como suelen llamarla). En más de una ocasión dedicaba unos momentos de la consulta y preguntaba cómo andaban las cosas en casa. Estaban mejorando.
Salí de ese centro y las lágimas se me caían. Estaba felíz. Representaba algo así como rendir un examen. Empecé a sentir que la pesadilla pasaba. Mi hija estaba más grande y fuerte como para enfrentar de otro modo las situaciones dolorosas de la vida. No sufriría más de esos accesos de tos que decantaban en un broncoespasmo. Fue el regalo más preciado como mamá.
Improvisar con el cuerpo
[ Nuevos espacios para el disfrute ]
Estar sin pareja no ha sido fácil para mí. Una de mis estructuras era que el hombre da seguridad. Una familia de 3 o un hogar sin un hombre eran admisibles en mi cabeza. Por este mismo motivo es que tuve tanto miedo y muchas veces sentí esta decisión como una gran pérdida. Había perdido mi proyecto de gran familia, mi anhelo de tener más hijos, y también había perdido una pareja.
No fue fácil llenar ese espacio. Pero encontré la manera. Me inscribí en un curso para la construcción de relatos en el estudio de Ana María Bobo (eximia relatora). Para mi sorpresa el grupo estaba conformado por personas del ambiente artístico y la dinámica se asemejaba a la de un grupo teatral.
Muchos de los ejercicios implicaba exponerse con el cuerpo, cosa a la que no estaba acostumbrada, pero fue enriquecedor. Había gente experimentada y era sorprendente ser testigo de los relatos que podían elaborar con tanta genialidad y con tomar como excusa un objeto de la vida cotidiana.
La primera clase coincidió con uno de mis días de bajón. Recuerdo que no paraba de llorar frente a la computadora. Llamé a mi hermana (como tantas veces durante el primer año de separada). Me alentó a que no dejar de ir. Había conseguido que el papá cuidara de las nenas. Era mi oportunidad de tomar aire y experimentar cosas nuevas.
La última clase fue triste. Añoramos ese espacio en el que el grupo empezó a sintonizar y armonizar como las piezas de un reloj. Fue una experiencia muy linda. No me arrepiento.
El cafecito y los almuerzos UCA
[ Diálogos de mujeres ]
Un año antes de mi separación y con las nenas un poquito más grandes, había retomado mis estudios. Cursé varias asignaturas en la Universidad Católica Argentina, de la mano de una excelente profesional y humilde ser humano, Ana María Andrada.
Más allá de conformar un grupo heterogéneo en cuanto a edades, profesiones, experiencias, a todas estas mujeres (porque los hombres desistieron al poco tiempo y eran minoría) nos nucleaba la apuesta fuerte en las nuevas tecnologías para la formación de las personas y supongo que la alquimia que hizo que se produzca "el encuentro".
No siempre es posible encontrarse con un grupo humano así. Mujeres pensantes, sensibles, que no pasan por la vida desapercibidas.
Fue así que la excusa del curso cedió espacio a los encuentros para una buena charla. Los temas siempre fueron variados, la visión positiva, las reflexiones personales sumamente reveladoras. Un grupo que se nutre de lo que a cada una le pasa, y que sobre esa base, teje conversaciones de las que resulta un verdadero placer participar.
Este fue uno de los primeros nucleos que empezó a conformar mi entramado de nuevas relaciones sociales.
Mi terapeuta me estimuló a que tejiera una nueva red de relaciones que me permitieran transitar otros temas, confrontarme con otras realidades, y sobre todo, que me acercaran otros vínculos. Pasaba gran tiempo en casa, trabajando, atendiendo a las nenas, necesitaba un espacio para hablar de otras cosas, para llenarme de otros diálogos. En los almuerzo UCA que sostenemos en el tiempo, encuentro eso y mucho más.
No te duermas sin un beso
[ Música y escucha para el alma ]
Dicen que las grandes ciudades albergan muchas almas solitarias. Buenos Aires no escapa a ello. Los programas radiales testimonian muchas historias de hombres y mujeres solas. Yo me sentía sola. Había vivido 11 años en pareja y busqué compañía en la radio.
El programa "No te duermas sin un beso" fue tranquilizador. Me dormía con su música pero también me nutrí de cientos de historias de personas que habían transitado por la misma situación, y otras muy disímiles. Algunas historias estaban ligadas a una canción, otras simplemente despertaban las reflexiones de su locutora. En muchas ocasiones la expresión "sólo por hoy" guiaba y me daba fuerza para enfrentar el nuevo día. Mi día implicaba hacerme cargo de todo, sobre todo de la educación de dos hijas. No es sencillo ser madre y menos aún en los tiempos que corren.
Me transformé en una radioescucha fiel para hacer frente a mi presente.
Sólo 3 años más tarde, descubrí incidentalmente que había dejado de escuchar la radio por las noches. Pero para ese entonces, mi historia había dado un giro inesperado.
El adjetivo que escuché doce meses
[ Responder a los hijos ]
En casa hubo mucho enojo expresado de muy diversas formas. El padre pasó a ser la figura defendida a raja tabla y yo, la "mala de la película". No puedo traducir en palabras el inmenso dolor que implica escuchar que tu propio hijo te rechaza o agrede, producto de su propio dolor. Aceptar una separación, nadie la acepta totalmente, ni los propios padres, menos aún los chicos. Siempre existe la fantasía de que esto pueda volver atrás. Pero yo, aunque no pudiera explicarle muchas cosas a mis hijas, no podía deshacer lo que había ocurrido en nuestra pareja. Un día hablamos del amor y que este sentimiento era la base para que una pareja continuara junta. Mi verdad era que me había dado cuenta que no podía querer más a su papá. Les expliqué que el sentimiento hacia la pareja puede cambiar, no así el amor de una madre a un hijo. Eso es incondicional. Puede lastimarse, resentirse pero perdura, es más fuerte que la razón o cualquier otro sentimiento. Insistí en mi verdad.
Mi hija mayor dijo cosas terribles, que no pude contestar. Sólo me decía que tenía que confiar en que el tiempo acomodara las cosas y que quizás algún día lograra comprender mis motivos.
La más chiquita gritaba a través de sus broncoespamos.
Las noches se convertían en pesadillas, porque era el momento en que más sentían la ausencia del padre, ya no estaba para el momento de la cena.
Pero al cabo de mucho tiempo, pasados dos años, hubo una cena familiar diferente.
Aún lo recuerdo. La más chiquita empezó a preguntar por qué su papá y yo vivíamos en casas diferentes. Empecé a explicarle y fue cuando la más grande reaccionó y le dijo casi textualmente: "Yo sufrí mucho cuando se separaron, pero es mejor así. Ya no discuten. Estamos mejor así". Acto seguido, le contó de otras compañeritas que también habían pasado por lo mismo.
Jamás imaginé que estaría algún día conversando con mis hijas sobre un tema tan duro. Ese día rescaté más que nunca la importancia del diálogo. La verdad siempre termina siendo el camino más llano para enfrentar situaciones dolorosas. Esa noche, hablamos tranquilamente de nuestros sentimientos. Fue una cena en paz.
Orientación y ayuda profesional
[ Padres en casas separadas ]
Momentos previos a la separación busqué ayuda profesional. Recibimos el apoyo durante 2 meses de parte de una psicóloga especializada en este tema.
Llegar a la consulta los dos fue un gran logro y desafío.
De aquellas sesiones luego se sucedieron los díalogos en casa sobre cómo íbamos a encarar esta decisión con las nenas. Otra vez no fue nada sencillo.
Mi preocupación central era el impacto en las nenas. Apostaba que esta decisión sería lo mejor a futuro, pero el aquí sería difícil de sobrellevar.
Rescaté de las conversaciones con la especialista muchas sugerencias, pensamientos, reflexiones. Nos tranquilizó diciéndonos que esta decisión no tenía por qué ser traumática, si podíamos seguir ofreciéndoles a las nenas presencia como padres.
Enfatizó sobre la necesidad de que el papá tratara de ir armando su nuevo departamento de manera tal que las nenas sintieran que tenían un espacio allí, aunque también entendía la dificil situación que tendría por delante, ya que el hombre separado por lo general debe rearmar su vida desde cero.
Las visitas no fueron el tema de discusión. Siempre se planteó algo flexible, aunque realizamos algunos acuerdos mínimos para dar seguridad y cierto orden a la vida de nuestras hijas.
Como viviríamos cerca, las nenas podrían seguir contando con su papá. Algunas rutinas las mantendríamos, como por ejemplo, llevándolas al colegio por las mañanas. Los actos escolares, la firma del boletín, las presentaciones en las actividades extraescolares que requerían de nuestra presencia tampoco fue tema de discusión. Seguiamos siendo sus padres, aunque no conviviéramos como pareja. La promesa que un día le hice a mi hija mayor, nunca pensé siquiera en trasgredirla.
jueves, 3 de abril de 2008
Cuaderno de bitácora
[ Angustia puesta en palabras ]
¡Vaya que tuve momentos difíciles, para ser precisos: pésimos! El primer año de separada trabajé incansablemente. Cuando terminaba de trabajar el fin de semana, ya sin las nenas en casa, ponía la música muy fuerte (como queriendo aturdirme y tapar el silencio). Luego me imponía un objetivo para que me ganara el cansancio físico. Emprendía largas caminatas para perderme por la ciudad, a veces sin rumbo fijo, pero por el solo hecho de que transcurriera el tiempo. No me gustaba mirar vidrieras o ir de shopping, solo quería que me venciera el cansancio para llegar a casa, ordenarla y alistarme para ir a la cama.
Pero en ocasiones esto no bastaba. Una tarde me tiré en el sillón de casa a llorar. Estaba muy mal. Las horas pasaron, tanto, que al despertar descubrí que la noche había ganado al día. Sólo me quedó ver alguna película, una de las tantas que alquilaba en el videoclub para hacerme compañía.
Al tiempo descubrí que además de las caminatas, la música y las películas románticas, me hacía bien escribir.
Esa semana acudí a la analista y le dije que había empezado un archivo llamado “Bitácora de viaje a quién sabe dónde”. (No se rían, me sentía un barco sin rumbo y con tripulación a bordo, que había que capitanear).
Mi analista apoyó la decisión y me pidió que cuando lo deseara, le llevara a la sesión lo que había volcado en ella.
Fue así, que en más de una ocasión, con la pantalla de la computadora como única testigo, fue que me dediqué a transcribir todas las sensaciones que me oprimían. Mi esperanza estaba puesta en volver a esas páginas mucho tiempo después, pudiendo decirme: "Esto ya pasó. Capítulo cerrado".
En realidad nunca la terminé, conservo el archivo abierto para aquellos momentos personales en que necesito canalizar mis sentimientos o hacer catarsis sola. Pero el regreso a estas páginas hoy es muy diferente.
Entre mis recuerdos
[ De niña a mujer ]
Me encanta la música, quizás porque mi abuelo era músico, compositor, maestro y director de dos bandas en Posadas, Misiones. Mis tíos y mi mamá también tocaban varios instrumentos, con lo cual, la llevo en la sangre. La música llena mi vida, aunque sea distraída con los autores, el estilo o los acordes.
Uno de los temas que más me sacuden y que coincidentemente empecé a escucharlo mucho en el primer año de separada fue éste de Luz Casal. No es casual.
Al escucharlo, un aluvión de imágenes de mi infancia regresan a mi mente. Fui una nena tranquila, muy sumisa, nunca daba un problema en casa, tenía muy buenas calificaciones, era muy querida por mis compañeras y personas con quienes circunstancialmente me crucé en la vida. Llevé una vida prolija hasta que se sucedieron los errores con lo cuales intento convivir.
En esas noches de angustia, mil veces me repetí: "quiero volver a ser aquella que fui". Pero no hay vuelta atrás.
Me tomó tiempo (y aún sigo en la lucha) pensar en otros términos: Hoy tengo la posiblidad de reparar lo que soy conciente que es posible mejorar (empezando por mí, obviamente, como mujer y como madre) para no ser tan necia de cometer las mismas equivocaciones, o lo que es mejor aún, aprender de los errores pasados. Un principio pedagógico del constructivismo, muy aplicable para la construcción de nuestra propia vida como personas íntegras.
El cuento y la mano velan sus sueños
[ Rituales tranquilizadores ]
Las primeras noches solas fueron dueñas de grandes tormentas. La mayor reaccionó autoagrediéndose. Volaban literalmente sillas de tanto enojo. Las discusiones eran acaloradas y los reproches inmensos. Ella era muy conciente de toda la situación y lamentablemente había sido testigo de muchas discusiones de adultos. Escuché muchos reproches de su boca. El adjetivo "mamá mala" empezó a acuñarlo por aquellos días. Yo estaba deshecha. Jamás hubiese querido herir así a mis hijas. Jamás pretendí ser quien ocasionara la ruptura de una pareja. Cuando me lo permitió, traté de hablarle. Elegí un lenguaje directo. Puse límites a lo que le explicaba. La explicación más sencilla que encontré fue que su papá y yo habíamos podido llegar hasta aquí como pareja pero que no dudara que estaríamos siempre presente como padres. Eso no le iba a faltar. Fue mi compromiso. También hablamos de las muchas parejas que van por la vida, algunas siguen eligiéndose porque se quieren, otras se muestran contentas pero sienten cosas diferentes puertas adentros, y algunas, como en el caso de su papá y yo, preferimos enfrentar la verdad.
Durante todas esas noches me pasé largas horas en su cuarto, hasta que las vencía el sueño. Me pedían cuentos que inventaba a partir de algún hecho cotidiano. La más chiquita desde ese entonces me pide la mano. Se duerme tomada de mi mano. Muchas veces no pude ser fuerte. Me sentaba en la alfombra del cuarto y lloraba tanto como los gritos que esa criatura, la mayor, daba demostrando su angustia. La más chiquita, cuando tomó conciencia de lo sucedido (tenía algo más de 2 años) optó por los gritos silenciosos, los broncoespasmos. El primero fue un llanto desconsolador frente a la puerta de casa pidiendo por su papá. Al mes siguiente se sucedieron y multiplicaron los episodios de crisis con cada broncoespamo. Aprendí a actuar en esos momentos, recurrí a la urgencia y luego a los especialistas. Recibí apoyo de un equipo de profesionales, incluso psicólogos. Traté de aprender y como me pidieron los mismos médicos de cabecera, serenarme. Eso es lo que estaban necesitando mis hijas.
Cuánto vale el tornillo
[ El valor de mi trabajo ]
Cuando la decisión estuvo tomada y largamente conversada con quien era mi pareja, uno de los grandes temores que sentía fue por una cuestión no menor: lo económico. Durante los últimos años me había dedicado al sostén emocional de mi hogar, trabajaba pocas horas. Separarme implicaba muchos cambios para mí y para mis hijas. Sentía pánico de no poder sostener económicamente a mi nueva familia, ahora de 3. Noches enteras me pasé pensando en qué iba a hacer. Recuerdo que mi hija mayor, con toda su sabiduría me dijo un día: "Mami, cómo nos vas a mantener, vos no tenés tanto dinero como papá". Y estaba en lo cierto. Los ingresos eran dispares. Si bien el papá se comprometía a ayudarme, la responsabilidad por la manutención de todos los gastos ahora estaría a mi cargo. Lloré. Pero no me quedé con la angustia. Empecé a escribir a mis contactos diciéndoles que necesitaba trabajar. Al poco tiempo ya trabajaba nuevamente 8 horas en principio, y luego todo lo que fuera necesario, cuando las nenas dormían. El primer año fue duro. No podía distraer ni un centavo. No siempre me alcanzaba el dinero, pero tampoco iba a pedir. Por suerte, pude arreglarme para estar al día con todos los compromisos económicos. Pero eso no bastaba, no podía siquiera llevar a pasear a las chicas o permitirme algún gusto. Trabajaba de lunes a sabádo todo el día. El domingo descansaba algo y me dedicaba a los quehaceres del hogar. Un día entré en crisis. Estaba trabajando para importantes empresas argentinas y no tenía dinero. Había conformado un equipo de trabajo multimedia virtual y una serie de inconvenientes me habían llevado a quedarme sin un desarrollador de confianza. Mucho trabajo pero poco dinero, muy poco. Se lo comenté a una amiga. Ella es excelente profesional y administra muy bien su negocio. Me pasó a buscar una tarde, me invitó un té y me dio la gran lección de mi vida. Ella me contó la anécdota de "cuánto vale un tornillo". Me habló de valorar mi trabajo y muchas cosas más. Gracias a esta charla, renegocié mis honorarios con alguna de las empresas y empecé a tomarme en serio el ejecicio de cotizar bien mi trabajo, del que tanto renegaba. No fue fácil. Perdí algunas veces, pero gané tranquilidad y hoy por hoy mantengo esta casa, le doy gustos a mis hijas, me los doy yo también. Esa tarde cambió mi futuro económico. A Anita le debo poder hoy solventar los gustos y actividades extras de mis hijas. Mi agradecimiento y cariño hacia ella es enorme.
lunes, 31 de marzo de 2008
Padres ex pareja
[ el diálogo ]
Las comunicaciones humanas son por naturaleza compleja. Entenderse con el otro no es asunto sencillo. No creo que exista tratado alguno que pueda contemplar todos los matices y estrategias para abordarlo.
Nosotros no estuvimos ajeno a ello.
Pasamos por muchas etapas: desconcierto, enojo, bronca, mal humor, reproche, discusiones, malentendidos, y también acuerdos mínimos.
Lo más importante para mí ha sido mantener la comunicación en lo que estrictamente se refiere a nuestras hijas.
Dado que me ocupo de gran parte de las actividades de las nenas, estoy al tanto del colegio, de los médicos, actividades extraescolares, eventos sociales, etc.. y en la medida que lo considero necesario, siempre me comunico con su papá para las cuestiones de importancia. Lo mantengo al tanto de las exhibiciones, actos escolares, cumpleaños, es decir, todas aquellas ocasiones que requieren que coordinemos o incluso concurramos juntos.
El papá vive a pocas cuadras, pero por suerte existen diferentes canales de comunicación, el mail , el teléfono, un mensajito al celular.
Priorizo que las nenas tengan a su papá en los momentos de celebración. Sus padres siempre están ahí para acompañarlas. El tiempo es nuestro testigo.
Dimes y diretes
[ "La separada" ]
Muchas personas recibieron con sorpresa la decisión. Nuestra pareja nunca había mostrado discusiones, desacuerdos, hasta podría decirse que era "la pareja perfecta" en apariencia. No participé a nadie de la decisión hasta que estuvo tomada, ni a familiares ni a amigos.
Contrariamente a lo que pensaba (uno de mis temores era enfrentar a mis padres), recibí mucho apoyo por parte de ellos. Mi cuñado, quien suele mantenerse al margen de las cuestiones estrictamente familiares, fue una de las personas que incluso me habló momentos antes de dudar por todo el cambio y dolor que significaría para las nenas. Fue la primera vez que expuso su palabra. Me pidió permiso y opinó. Fue muy claro en su mensaje. Me habló de que la vida se plantea de manera diferente para cada persona. A mí me había tocado lidear con una madre enferma. Mis hijas tendrían que enfrentar la realidad de que sus padres no podían continuar como pareja. También sentí en ese sentido su apoyo.
Pero si bien recibí la comprensión de todos, ya no podía caminar por la calle de la misma manera.
Temía que pesara el mote de "separada", no en el círculo íntimo porque me conocían bastante bien, pero sí entre las personas del entorno más grande, por ejemplo, los padres de compañeritos de las nenas.
Lamentablemente por ese año muchas de las personas de nuestro círculo también se separaron y hasta llegó a ocurrir que en el curso de la nena mayor, había un 30% de padres separados. No eramos los primeros ni los últimos.
Me atemorizaba pensar en qué dirían, tanto es así que en principio no hablé del tema abiertamente. Pero sí lo hizo mi hija mayor. Empezó a preguntar entre su grupo de compañeras por la experiencia de cada una. Buscó apoyo entre sus pares. De ahí empezaron a circular las diferentes historias, hasta que me animé a conversarlo discretamente con una de las mamás. Incluso hubieron algunas que no lo advirtieron hasta tiempo después, porque con su papá continúabamos con la rutina en relación a nuestra presencia en actos escolares, o la entrada o salida de la escuela.
Con el tiempo me fui tranquilizando y aceptando mi nueva situación.
Sólo mucho tiempo despúes me volvería a preocupar, cuando encaré una nueva relación.
Ahí me empezó a pesar esto de estar separada. Pensaba ya no en mí, sino en qué le dirían a la otra persona, ya que no sólo estaba separada sino que también era mamá de dos nenas. Teniendo en cuenta que la otra persona es soltera, unos años menor y sin chicos, entendía que su círculo de amistades pudiera tener reparos. No me conocían, por tanto, no podían sopesar otras cosas. Esta fue una gran carga para mí durante mucho tiempo. Hoy no.
Hace muy poco tiempo esa persona me dijo: "No importa lo que digan, lo importante es que te elijo yo". No hizo falta decir nada más.
El supermercado y la visita al pediatra
[ Uno ve lo que quiere ver ]
Los primeros fines de semana de mi separación también los dedicaba a realizar las compras en el supermercado (luego pasé a hacerlo de manera online).
Puede parecer un hecho insignificante, pero no lo fue. Esa recorrida por las góndolas y la larga espera de la fila que no avanzaba frente a la caja, me hicieron tomar distancia por un momento de la escena real, para detenerme en las imágenes, especie de instantáneas, que sólo me devolvían fotogramas recurrentes: un chango repleto de comida, un bebé sentado en la sillita, otros chicos correteando a su alrededor mientras circulaba, y una pareja. Esa era mi imagen obsesiva. No podía ver que el supermercado convocaba a personas mayores, personas solas, hombres o mujeres. Mi mirada únicamente se depositaba y recursaba sobre la imagen de una familia llevando un carrito de compras. Y no era una familia cualquiera. En mi fantasía todo ese grupo familiar se veía feliz, armónico. Justamente lo que había perdido.
La consulta a la pediatra tampoco fue una experiencia muy diferente.
Estaba acostumbrada a ocuparme de esa tarea sola. Pero luego de separada, mi mirada se depositaba en las parejas (sobre todo primerizas, con chicos pequeños) que celebraban como un gran acontecimiento familiar, la visita al médico de cabecera.
Me detenía a mirar cada detalle (los gestos entre ambos, las miradas, las conversaciones, los modos que tenían con los chicos). Cada una de mis observaciones reafirmaba mi línea de pensamiento: los demás pueden tener una familia felíz, yo no pude sostenerlo en el tiempo.
Recuerdo que este tema fue motivo de varias de mis sesiones de terapia. Con mucha paciencia mi analista me llevó a correrme de esa imagen. Me llevó a plantearme por qué pensaba que “era gente feliz” (nadie sabe lo que ocurre puertas adentro), a poner en tela de juicio mis observaciones y no quedar “pegada” a la falta. Seguía teniendo una familia, básicamente ahora conformada con mis hijas, y de alguna manera, con mi ex esposo continuábamos siendo padres para las chicas. En ese momento no podía verlo. Me llevó mucho tiempo despegarme de esa imagen idealizada para trabajar en replantear mi familia más pequeña, pero tan familia como cualquier otra, más o menos felíz, dependiendo de las circuntancias.
Sacando la basura
[ Los pequeños hechos que dan cuenta de la realidad ]
Fue la primera noche que tuve que cerrar la bolsa de la basura y bajarla a la calle. Me recuerdo aún bajando las escaleras de casa, y en el trayecto, sentir que me invadía una gran angustia (mis lágrimas brotaban lentamente y sin esfuerzo).
Abrí la puerta del frente y recorrí unos pocos metros hasta el lugar donde debía depositarla. La apoyé lentamente. Miré a mi alrededor. La ciudad estaba en silencio y casi no circulaba nadie por el barrio.
Me detuve un momento antes de irme. Repasé mentalmente la acción de dejarla sobre el piso y lloré. Me di cuenta que estaba sola. Esta era una de las tareas que como parte de la rutina hogareña estaba a cargo de quien fuera mi marido.
Fue solo un instante. Un breve momento que me mostró que las cosas habían cambiado.
Aunque parezca absurdo implicó mucho más que sacar los desperdicios del día. Hoy pienso que marcó el momento de hacerme cargo de mí misma y de sacar afuera los residuos de una historia personal marcada por vínculos no sanos. Trascendía la separación.
La familia Ingalls
[ Un mundo ideal ]
El artículo de "Cómo vivir un gran amor" fue una señal, pero no la única. Lo decisivo fue el intercambio de correos que comencé a tener con un amigo de la adolescencia. No había tenido noticias suyas durante 15 años e inesperadamente reapareció en mi vida. El mail inicial fue muy escueto, con solo los detalles más importantes, ya que ahora ambos teníamos nuestras familias, pareja e hijos. Pero los sucesivos empezaron lentamente a descubrir para mí, una verdad que estaba latente. Ponerle en palabras detalles, anécdotas de mi cotideaneidad, me hicieron reflexionar y tomar conciencia de las disfuncionalidades presentes en mi relación de pareja. Con este amigo instauramos así un diálogo mediatizado (ya que vive a 1000 km) que me colocó en un punto de no retorno. Mi vida ya no pudo volver a ser lo mismo. Sus preguntas me llevaron necesariamente a pensar en cómo había construido mi vida. Advertí con gran dolor que la había cimentado sobre la base de una idealización pueril en un intento por compensar situaciones irresueltas de la infancia. Había inconscientemente querido construir una familia al modelo de La Familia Ingalls (serie televisiva norteamericana que planteaba la vida de una familia rural donde siempre predominaba la armonía). Pero una cosa es la ficción y otra muy diferente, la realidad.
Mi realidad estaba teñida de disfuncionalidades, productos de las inconsistencias personales. Eso fue lo que comencé a trabajar en mi terapia personal. Esto fue lo que me llevó a preguntarme qué quería para el futuro. Esto fue lo que me llevó a decidir que tenía mucho trabajo que hacer conmigo misma, retomar "los pendientes", porque de otra forma, seguiría mintiéndome de alguna forma y no podría estar en paz.
Como vivir un gran amor
[ Lo que no quise ver ]
Una amiga residente en Madrid (España) me había mandado un artículo titulado "Cómo vivir un gran amor". Recuerdo haberlo abierto, leído, guardado en mi rígido, pero también encontrarle un contenido vacío, sin resonancia personal.
Pasaron meses, me había levantado ya angustiada (sin motivo aparente) y antes de iniciar mi rutina laboral en casa, lo busqué. Algo me llevó a la necesidad de leerlo.
Ese día comprendí el mensaje del psicólogo, autor del escrito, quien en un taller para parejas me hablaba de las "heridas de la infancia" y de los desaciertos en las elecciones, producto de relaciones poco sanas. En ese instante se hizo transparente algo que no había visto hasta el momento. Sus palabras quedaron resonando en mi: "un amor sano saca lo mejor de uno mismo". El bienestar de una pareja depende del vínculo construido, pero por sobre todas las cosas, depende de cómo estamos, ya que la pareja es reflejo de uno mismo. Como broche final agregaba: "para vivir una gran relación hay que amarse uno mismo". Algo en lo que yo hacía agua.
Mi angustia se acrecentó y sólo atiné a tomar el teléfono para decirle a mi marido que esta vez necesitaba de su apoyo, necesitaba empezar una terapia.
La primera sesión de orientación marcó una diferencia: planteé que necesitaba estar sola. Necesitaba pensar y trabajar en mí. Esto dio un viraje inesperado a mi vida, que seis meses después decantaría en una separación. Entretanto, fui empezando a desanudar una gran trama de situaciones personales irresueltas de larga data.