lunes, 31 de marzo de 2008

El supermercado y la visita al pediatra

[ Uno ve lo que quiere ver ]

Los primeros fines de semana de mi separación también los dedicaba a realizar las compras en el supermercado (luego pasé a hacerlo de manera online).
Puede parecer un hecho insignificante, pero no lo fue. Esa recorrida por las góndolas y la larga espera de la fila que no avanzaba frente a la caja, me hicieron tomar distancia por un momento de la escena real, para detenerme en las imágenes, especie de instantáneas, que sólo me devolvían fotogramas recurrentes: un chango repleto de comida, un bebé sentado en la sillita, otros chicos correteando a su alrededor mientras circulaba, y una pareja. Esa era mi imagen obsesiva. No podía ver que el supermercado convocaba a personas mayores, personas solas, hombres o mujeres. Mi mirada únicamente se depositaba y recursaba sobre la imagen de una familia llevando un carrito de compras. Y no era una familia cualquiera. En mi fantasía todo ese grupo familiar se veía feliz, armónico. Justamente lo que había perdido.
La consulta a la pediatra tampoco fue una experiencia muy diferente.
Estaba acostumbrada a ocuparme de esa tarea sola. Pero luego de separada, mi mirada se depositaba en las parejas (sobre todo primerizas, con chicos pequeños) que celebraban como un gran acontecimiento familiar, la visita al médico de cabecera.
Me detenía a mirar cada detalle (los gestos entre ambos, las miradas, las conversaciones, los modos que tenían con los chicos). Cada una de mis observaciones reafirmaba mi línea de pensamiento: los demás pueden tener una familia felíz, yo no pude sostenerlo en el tiempo.
Recuerdo que este tema fue motivo de varias de mis sesiones de terapia. Con mucha paciencia mi analista me llevó a correrme de esa imagen. Me llevó a plantearme por qué pensaba que “era gente feliz” (nadie sabe lo que ocurre puertas adentro), a poner en tela de juicio mis observaciones y no quedar “pegada” a la falta. Seguía teniendo una familia, básicamente ahora conformada con mis hijas, y de alguna manera, con mi ex esposo continuábamos siendo padres para las chicas. En ese momento no podía verlo. Me llevó mucho tiempo despegarme de esa imagen idealizada para trabajar en replantear mi familia más pequeña, pero tan familia como cualquier otra, más o menos felíz, dependiendo de las circuntancias.

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