lunes, 31 de marzo de 2008

Dimes y diretes

[ "La separada" ]

Muchas personas recibieron con sorpresa la decisión. Nuestra pareja nunca había mostrado discusiones, desacuerdos, hasta podría decirse que era "la pareja perfecta" en apariencia. No participé a nadie de la decisión hasta que estuvo tomada, ni a familiares ni a amigos.
Contrariamente a lo que pensaba (uno de mis temores era enfrentar a mis padres), recibí mucho apoyo por parte de ellos. Mi cuñado, quien suele mantenerse al margen de las cuestiones estrictamente familiares, fue una de las personas que incluso me habló momentos antes de dudar por todo el cambio y dolor que significaría para las nenas. Fue la primera vez que expuso su palabra. Me pidió permiso y opinó. Fue muy claro en su mensaje. Me habló de que la vida se plantea de manera diferente para cada persona. A mí me había tocado lidear con una madre enferma. Mis hijas tendrían que enfrentar la realidad de que sus padres no podían continuar como pareja. También sentí en ese sentido su apoyo.
Pero si bien recibí la comprensión de todos, ya no podía caminar por la calle de la misma manera.
Temía que pesara el mote de "separada", no en el círculo íntimo porque me conocían bastante bien, pero sí entre las personas del entorno más grande, por ejemplo, los padres de compañeritos de las nenas.
Lamentablemente por ese año muchas de las personas de nuestro círculo también se separaron y hasta llegó a ocurrir que en el curso de la nena mayor, había un 30% de padres separados. No eramos los primeros ni los últimos.
Me atemorizaba pensar en qué dirían, tanto es así que en principio no hablé del tema abiertamente. Pero sí lo hizo mi hija mayor. Empezó a preguntar entre su grupo de compañeras por la experiencia de cada una. Buscó apoyo entre sus pares. De ahí empezaron a circular las diferentes historias, hasta que me animé a conversarlo discretamente con una de las mamás. Incluso hubieron algunas que no lo advirtieron hasta tiempo después, porque con su papá continúabamos con la rutina en relación a nuestra presencia en actos escolares, o la entrada o salida de la escuela.
Con el tiempo me fui tranquilizando y aceptando mi nueva situación.
Sólo mucho tiempo despúes me volvería a preocupar, cuando encaré una nueva relación.
Ahí me empezó a pesar esto de estar separada. Pensaba ya no en mí, sino en qué le dirían a la otra persona, ya que no sólo estaba separada sino que también era mamá de dos nenas. Teniendo en cuenta que la otra persona es soltera, unos años menor y sin chicos, entendía que su círculo de amistades pudiera tener reparos. No me conocían, por tanto, no podían sopesar otras cosas. Esta fue una gran carga para mí durante mucho tiempo. Hoy no.
Hace muy poco tiempo esa persona me dijo: "No importa lo que digan, lo importante es que te elijo yo". No hizo falta decir nada más.

No hay comentarios: