lunes, 31 de marzo de 2008

La familia Ingalls

[ Un mundo ideal ]

El artículo de "Cómo vivir un gran amor" fue una señal, pero no la única. Lo decisivo fue el intercambio de correos que comencé a tener con un amigo de la adolescencia. No había tenido noticias suyas durante 15 años e inesperadamente reapareció en mi vida. El mail inicial fue muy escueto, con solo los detalles más importantes, ya que ahora ambos teníamos nuestras familias, pareja e hijos. Pero los sucesivos empezaron lentamente a descubrir para mí, una verdad que estaba latente. Ponerle en palabras detalles, anécdotas de mi cotideaneidad, me hicieron reflexionar y tomar conciencia de las disfuncionalidades presentes en mi relación de pareja. Con este amigo instauramos así un diálogo mediatizado (ya que vive a 1000 km) que me colocó en un punto de no retorno. Mi vida ya no pudo volver a ser lo mismo. Sus preguntas me llevaron necesariamente a pensar en cómo había construido mi vida. Advertí con gran dolor que la había cimentado sobre la base de una idealización pueril en un intento por compensar situaciones irresueltas de la infancia. Había inconscientemente querido construir una familia al modelo de La Familia Ingalls (serie televisiva norteamericana que planteaba la vida de una familia rural donde siempre predominaba la armonía). Pero una cosa es la ficción y otra muy diferente, la realidad.
Mi realidad estaba teñida de disfuncionalidades, productos de las inconsistencias personales. Eso fue lo que comencé a trabajar en mi terapia personal. Esto fue lo que me llevó a preguntarme qué quería para el futuro. Esto fue lo que me llevó a decidir que tenía mucho trabajo que hacer conmigo misma, retomar "los pendientes", porque de otra forma, seguiría mintiéndome de alguna forma y no podría estar en paz.

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