sábado, 26 de abril de 2008

Llegan los 40

[ Sólo porque lo dice el documento ]

Faltan dos meses para cumplir los 40. En los últimos años se acostumbra aquí festejar el pasaje de década. En mi caso, como siempre lo digo, no siento realmente que soy una mujer de 40. No estoy negada, simplemente que mido el tiempo de otra manera.
Siento que estoy recomenzando. La vida me dio una segunda oportunidad. Estoy tratando de hacer las cosas mejor, o quizás sea mejor ponerlo en otros términos. Estoy tratando de vivir mi vida ubicándome desde un lugar diferente.
Hoy mantengo mi casa, pago mis impuestos, me ocupo de los quehaceres del hogar, del consorcio del edificio, trabajo de manera independiente, crio a dos hijas en tiempos dificiles, cuido el tiempo para los amigos y también le dedico un tiempo a mi pareja.
A los 18 años soñaba en muchas cosas pero carecía de experiencia.
A los 40 me estoy sintiendo una mujer plena. La experiencia de vida me ha marcado pero también me ha dado otra mirada. Lentamente he saneado gran parte de mi vida. Sigo enfrentándome a aspectos de mi persona que no me agradan, pero que intento integrarlos porque son parte de mí. Intento ser una buena madre para mis hijas, aunque no siempre conserve la paciencia necesaria para enfrentar todas las circunstancias que ellas me plantean. Me equivoco, dudo, pero intento repensar las cosas para ver qué es lo mejor.
Intento cuidar todos los espacios. Soy madre pero también mujer. Llevo adelante muchas cosas pero también tengo mis zonas de inseguridades. Estoy hoy en paz aunque haya momentos donde la calma desaparece. He aprendido que la vida son como olas que vienen y van, con momentos verdaderamente buenos y otros no tanto, quizás para valorar los primeros, quizás solo porque la vida integra la dualidad.
Hoy estoy haciendo muchas de las cosas que no hice a los 22. Principalmente, ocuparme de mí. Aposté a enfrentar el duro proceso de la separación con la esperanza de que muchas cosas mejoraran en el futuro.
Hoy por hoy tengo unas hijas fuertes, sanas, que viven plenamente sus actividades, van al colegio, tienen amigas y actividades sociales crecientes. Cada una transita su edad sabiendo que tienen padres separados, pero presentes, muy presentes. Cada uno le da lo que puede. Ellas lo saben. Lo que no les falta es el amor tanto nuestro como de la pequeña familia de tíos y abuelos.
Mi terapeuta me dijo la otra vez: "Llegan los 40. Es una gran noticia. Estás en la mejor edad para hacer muchas cosas".
Así me siento hoy. Algunas cosas las disfruto como si fuera la primera vez.

Y las chicas crecen

[ El tiempo pasa rápido ]

Ayer les estaba poniendo los pañales, hoy viernes por la noche cada una hizo un plan. La más chiquita quiso ir a la casa de su tía a dormir, la más grande también, pero previamente me pidió permiso para ir al cumple de un amigo: su primer cumple-baile.
Accedí esta vez. Obviamente que porque era en el contexto de un cumpleaños, en un pelotero con disco para chicos (por lo que averigué en la web) e iban las nenas más tranquilas del grupo.
Ella estaba entusiasmada planeando ese momento y la vestimenta, ya que quería que la saquen a bailar (con ese dato me enteré que regresamos a la buena costumbre de que bailen chicos con chicas).
Así que la llevé a una, luego a la otra. Volví a casa para entrenerme con una película y un café hasta que se hicieran las 24, hora de ir por la más grande.
Fue muy movilizador. En el camino recordé mis primeros bailes a los 16 y que mi papá se pasaba en un bar de la esquina tomando algo hasta que salíamos con mis amigas. Ahora era yo quien andaba por la noche buscando a mi hija. Al llegar, los padres (varones) pasaban a buscar a sus chicos, yo fui la única madre que pasó por allí sola. Eso me recordó que hace 2 años me preguntaba cómo haría ante una situación así y hoy me daba cuenta que sólo haciéndolo. Me dije: Tengo la posibilidad de compartir muy de cerca este momento para su crecimiento. Me di cuenta que empezarán muchas noches como éstas.
Subimos al auto y estaba felíz. Me contó que la sacaron a bailar varias veces y me dio detalles de lo que hicieron junto a los animadores del lugar. Fue su primer baile y la había pasado bárbaro. La dejé en la casa de su tía y me regresé a casa. En el camino fui testigo de varios operativos policiales con adolescentes. La noche de Buenos Aires no es sencilla. Pensé que mi hija prontamente estaría también tan expuesta a estas situaciones. Me preocupé pero traté de pensar que ya veríamos qué hacer llegado el momento. Quería disfrutar de que a pesar de mis nervios (porque incluso al dejarla hice un diagnóstico del lugar con un rápido escaneo) ella estaba felíz. Verla felíz me hace bien.
Hace meses que venimos con una puja entre ambas de la mano de una fuerte adolescencia anticipada. Ahora soy "mala" porque no la dejo ir a los bailes, porque no le dejaba tener un celular, porque no quería que se vaya sola a almorzar en un Burguer con sus amigas durante la jornada escolar.
Sale malhumorada, está muy contestadora, es un torbellino de arrebato por momentos. Y aquí estoy, corriendo de aquí para allá y ante la pared de una gran lista de reclamos, porque muchas de sus compañeras tienen otros permisos que no coinciden con los de ella.
Me siento que soy padre y madre a la vez, con muchos NO en el frente. Trato de hablarle y decide no escuchar. Por eso, trato de escuchar las ideas que surgen en terapia y que me parecen que vale la pena pensarlas. Hace dos semanas, empecé a contar más de 20 veces antes de responder, estoy dejando que se descargue y sólo cuando veo que está tranquila ahí le hablo. No me malengancho. Muchas veces termina en cierto sentido dándome la razón, pero luego de un largo camino de idas y vueltas. Muy desgastante. Dice que "los tiempos cambiaron", dice que yo "no entiendo". Lo que entiendo es que estamos en momentos difíciles, estoy intentando despegarme de la formación que tuve para entender esta nueva realidad, pero sigo pensando que ciertos valores hay que respetarlos aunque la tele y todo un contexto mayor vayan contra esta corriente.
Me sirve mucho la visión de Ariel, educado de otra manera. Lo escucho y presto atención a cuando marca ideas de mi propio discurso que deben ser revisadas. A veces es él quien habla con ella, la calma, y luego conversamos para ver qué es lo mejor.
Insisto, no hay recetas, pero trato de ser coherente con algunas ideas y hablarle mucho. Ella es una señorita muy reflexiva, confío que algún día las aguas se calmen. Empezó una etapa difícil.

lunes, 7 de abril de 2008

Vacaciones en pareja

[alejados del mundanal ruido]

Aunque parezca absurdo, jamás conviví con mi ex marido antes de la luna de miel y las vacaciones juntos representaba un pequeño proyecto conjunto y quizás también la pregunta de cómo nos llevaríamos, ya que salvo los fines de semana, nunca había compartido más días juntos. A Ariel le encantan las montañas, soñaba hace tiempo visitarlas, y como recién venía de estar en la playa con las nenas, partimos hacia Bariloche.
Son 1600 km en auto, con lo cual, compartimos la conducción. El viaje de ida lo hicimos de un tirón, la vuelta la disfrutamos por tramos, incluso parando en lugares desconocidos pero que nos conquistaron enormemente, pernoctamos en Tornquist, almorzamos en Casa de Piedra, un restaurante de Sierra de la Ventana, y paseamos por las callecitas pintorescas de Villa Ventana. Supongo que queríamos dilatar nuestro regreso, por tanto, fuimos haciendo el trayecto sin mayores planficaciones previas.
En Bariloche alquilamos una cabaña frente al Nahuel Huapi. Hicimos una vida muy casera, con algunas caminatas y salidas para cenar. No frecuentamos el Centro de la ciudad, porque estábamos a 7 km y preferíamos quedarnos por allí. Sólo acudimos por trámites o para comprar sus ricos chocolates.
El lugar que más nos atrapó fue Bahía Lopez. Nos recostábamos bajo un árbol y pasábamos 8 horas sólo viendo el paisaje lacustre y las piedras y montañas de los alrededores. Leíamos, conversábamos, tomábamos mate. Simple, pero sumamente relajante.
Cuando tomamos la ruta de regreso sentimos que dejábamos un lugar que nos hipnotizó por completo. Ariel disfruta de ese paisaje tanto como yo. A mí me trasmite mucha paz estar frente a un espejo de agua, ya sea un lago o un mar. Me ubica en otra dimensión.
Si bien en principio no teníamos planeado ir de vacaciones juntos (todo surgió de una conversación casual), hoy no nos arrepentimos. Nos llevamos muy bien. Ambos podemos ser muy simples en los gustos y la conviviencia fue tranquila.