[ Conducir mi vida ]
A los 14 años mi papá me había estimulado a que aprendiera a manejar. Lo había hecho. Obtuve a los 21 mi carnet de conducir, pero no me sentía totalmente segura. Cuando conocí a quien sería mi marido tenía un autito y en nuestras salidas, era yo quien lo pasaba a buscar. Mi ex marido no había manejado nunca. Trascurridos unos años de casados, luego de pagar el departamento, pudimos acceder a la compra de un nuevo auto en cuotas. Fue en ese momento que empecé a enseñarle a manejar. Luego hizo un curso y sacó como corresponde su licencia. Me embaracé de mi hija mayor y a los 8 meses de embarazo dejé de conducir. Nunca más pude volver al volante. Aún como acompañante me sentía temerosa. El tránsito de Buenos Aires se había tornado para mí muy agresivo. Yo estaba centrada en el cuidado de mi nena. A la distancia creo que de alguna manera entregué el volante del auto e inconscientemente mi vida.
Luego de separada y con motivo del Día de la Madre recibí otro regalo especial: un auto (si, aunque no lo crean soy muy afortunada, este regalo vino de la mano de mi papá). Pasé el mes más nervioso de mi vida. Realmente lo necesitaba con las dos nenas y sus actividades que iban en aumento. Lo tuve estacionado algo más de un mes en la puerta de casa y no me animaba a salir de nuevo a las calles. Me sentía incapacitada. Habian pasado 10 años sin conducir. Pero la necesidad era mayor. Un día me puse una fecha límite y saqué turno para los exámenes. Esta vez quería probarme que realmente estaba capacitada como para conducir. Quería hacer las cosas bien. Me bajé toda la información de internet. Fui a charlas y asistí al curso reglamentario de una semana. El dia del examen iba decidida a dar sólo hasta la instancia teórica porque quería practicar más para el examen de conducción en la pista. Me habían advertido que el examen no era sencillo. Pasé todos los estudios: físico, psíquico y la prueba teórica me pareció sencilla. Mi papá me dijo que no tenía nada que perder. Llegado el momento decidí intentar en la pista de examen. La primera prueba fue el estacionamiento de cola con un máximo de tres maniobras y con la distancia reglamentaria respecto del cordón. Fallé. Me acerqué al inspector y le dije que no estaba bien hecho. Pedí una nueva oportunidad. Me la dio a regañadientes. Estaba nerviosa, pero esta vez lo hice exitosamente. Luego sobrevino el circuito marcha atrás y los conos, con los cuales me había hecho una gran fantasía. Lo superé perfectamente. Al llegar al final del circuito me dijeron que había terminado. Podía entregar el auto y buscar mi carnet. Bajé del auto y lloré. Nadie sabía lo que significaba esto para mí. Fue más que una prueba de conducción. Fue la manera de sentir que volvía a tener dominio sobre mi vida, volvía a ganar independencia. Y ahora un organismo oficial había determinado que estaba capacitada. Fue otra mañana clave en mi vida.
lunes, 7 de abril de 2008
Volver al volante
Etiquetas:
conducir,
examen,
habilitación,
independencia
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