sábado, 26 de abril de 2008

Y las chicas crecen

[ El tiempo pasa rápido ]

Ayer les estaba poniendo los pañales, hoy viernes por la noche cada una hizo un plan. La más chiquita quiso ir a la casa de su tía a dormir, la más grande también, pero previamente me pidió permiso para ir al cumple de un amigo: su primer cumple-baile.
Accedí esta vez. Obviamente que porque era en el contexto de un cumpleaños, en un pelotero con disco para chicos (por lo que averigué en la web) e iban las nenas más tranquilas del grupo.
Ella estaba entusiasmada planeando ese momento y la vestimenta, ya que quería que la saquen a bailar (con ese dato me enteré que regresamos a la buena costumbre de que bailen chicos con chicas).
Así que la llevé a una, luego a la otra. Volví a casa para entrenerme con una película y un café hasta que se hicieran las 24, hora de ir por la más grande.
Fue muy movilizador. En el camino recordé mis primeros bailes a los 16 y que mi papá se pasaba en un bar de la esquina tomando algo hasta que salíamos con mis amigas. Ahora era yo quien andaba por la noche buscando a mi hija. Al llegar, los padres (varones) pasaban a buscar a sus chicos, yo fui la única madre que pasó por allí sola. Eso me recordó que hace 2 años me preguntaba cómo haría ante una situación así y hoy me daba cuenta que sólo haciéndolo. Me dije: Tengo la posibilidad de compartir muy de cerca este momento para su crecimiento. Me di cuenta que empezarán muchas noches como éstas.
Subimos al auto y estaba felíz. Me contó que la sacaron a bailar varias veces y me dio detalles de lo que hicieron junto a los animadores del lugar. Fue su primer baile y la había pasado bárbaro. La dejé en la casa de su tía y me regresé a casa. En el camino fui testigo de varios operativos policiales con adolescentes. La noche de Buenos Aires no es sencilla. Pensé que mi hija prontamente estaría también tan expuesta a estas situaciones. Me preocupé pero traté de pensar que ya veríamos qué hacer llegado el momento. Quería disfrutar de que a pesar de mis nervios (porque incluso al dejarla hice un diagnóstico del lugar con un rápido escaneo) ella estaba felíz. Verla felíz me hace bien.
Hace meses que venimos con una puja entre ambas de la mano de una fuerte adolescencia anticipada. Ahora soy "mala" porque no la dejo ir a los bailes, porque no le dejaba tener un celular, porque no quería que se vaya sola a almorzar en un Burguer con sus amigas durante la jornada escolar.
Sale malhumorada, está muy contestadora, es un torbellino de arrebato por momentos. Y aquí estoy, corriendo de aquí para allá y ante la pared de una gran lista de reclamos, porque muchas de sus compañeras tienen otros permisos que no coinciden con los de ella.
Me siento que soy padre y madre a la vez, con muchos NO en el frente. Trato de hablarle y decide no escuchar. Por eso, trato de escuchar las ideas que surgen en terapia y que me parecen que vale la pena pensarlas. Hace dos semanas, empecé a contar más de 20 veces antes de responder, estoy dejando que se descargue y sólo cuando veo que está tranquila ahí le hablo. No me malengancho. Muchas veces termina en cierto sentido dándome la razón, pero luego de un largo camino de idas y vueltas. Muy desgastante. Dice que "los tiempos cambiaron", dice que yo "no entiendo". Lo que entiendo es que estamos en momentos difíciles, estoy intentando despegarme de la formación que tuve para entender esta nueva realidad, pero sigo pensando que ciertos valores hay que respetarlos aunque la tele y todo un contexto mayor vayan contra esta corriente.
Me sirve mucho la visión de Ariel, educado de otra manera. Lo escucho y presto atención a cuando marca ideas de mi propio discurso que deben ser revisadas. A veces es él quien habla con ella, la calma, y luego conversamos para ver qué es lo mejor.
Insisto, no hay recetas, pero trato de ser coherente con algunas ideas y hablarle mucho. Ella es una señorita muy reflexiva, confío que algún día las aguas se calmen. Empezó una etapa difícil.

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