[ El valor de mi trabajo ]
Cuando la decisión estuvo tomada y largamente conversada con quien era mi pareja, uno de los grandes temores que sentía fue por una cuestión no menor: lo económico. Durante los últimos años me había dedicado al sostén emocional de mi hogar, trabajaba pocas horas. Separarme implicaba muchos cambios para mí y para mis hijas. Sentía pánico de no poder sostener económicamente a mi nueva familia, ahora de 3. Noches enteras me pasé pensando en qué iba a hacer. Recuerdo que mi hija mayor, con toda su sabiduría me dijo un día: "Mami, cómo nos vas a mantener, vos no tenés tanto dinero como papá". Y estaba en lo cierto. Los ingresos eran dispares. Si bien el papá se comprometía a ayudarme, la responsabilidad por la manutención de todos los gastos ahora estaría a mi cargo. Lloré. Pero no me quedé con la angustia. Empecé a escribir a mis contactos diciéndoles que necesitaba trabajar. Al poco tiempo ya trabajaba nuevamente 8 horas en principio, y luego todo lo que fuera necesario, cuando las nenas dormían. El primer año fue duro. No podía distraer ni un centavo. No siempre me alcanzaba el dinero, pero tampoco iba a pedir. Por suerte, pude arreglarme para estar al día con todos los compromisos económicos. Pero eso no bastaba, no podía siquiera llevar a pasear a las chicas o permitirme algún gusto. Trabajaba de lunes a sabádo todo el día. El domingo descansaba algo y me dedicaba a los quehaceres del hogar. Un día entré en crisis. Estaba trabajando para importantes empresas argentinas y no tenía dinero. Había conformado un equipo de trabajo multimedia virtual y una serie de inconvenientes me habían llevado a quedarme sin un desarrollador de confianza. Mucho trabajo pero poco dinero, muy poco. Se lo comenté a una amiga. Ella es excelente profesional y administra muy bien su negocio. Me pasó a buscar una tarde, me invitó un té y me dio la gran lección de mi vida. Ella me contó la anécdota de "cuánto vale un tornillo". Me habló de valorar mi trabajo y muchas cosas más. Gracias a esta charla, renegocié mis honorarios con alguna de las empresas y empecé a tomarme en serio el ejecicio de cotizar bien mi trabajo, del que tanto renegaba. No fue fácil. Perdí algunas veces, pero gané tranquilidad y hoy por hoy mantengo esta casa, le doy gustos a mis hijas, me los doy yo también. Esa tarde cambió mi futuro económico. A Anita le debo poder hoy solventar los gustos y actividades extras de mis hijas. Mi agradecimiento y cariño hacia ella es enorme.
jueves, 3 de abril de 2008
Cuánto vale el tornillo
Etiquetas:
cotización,
economía,
ingresos,
trabajo
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