[ Hermanos del corazón ]
El día del amigo del 2007 decidí que tenía que preparar algo especial para todos mis afectos. Estaba saliendo de mi duelo por la pérdida de personas muy queridas para mí y no hubiese podido sin la contención de muchas personas.
Mary me llamaba todas las semanas.
Mi hermana soportaba mis llantos al teléfono.
Ana me llevó a mejorar mi situación económica.
Ana María me enseñó el valor de gestionar un espacio personal.
Gustavo me escuchó todos mis temores previos a la separación.
Liliana me cobró $ 5 la sesión de terapia porque no podía pagar el monto que correspondía.
Raúl me daba ánimo con un su aliento por mail.
Las parejas de mis amigas me acercaban a casa para que no anduviera de noche sola por la ciudad.
Claudia me mandaba un mail cortito preguntando "Cómo estás amiga".
Rubén, un reciente contacto laboral, me llamaba de vez en cuando para ver cómo estaban las cosas en casa.
Marina me encontró una vez en el Mc Donalds y me dijo: ¡Qué alegría encontrarte!...¿Cómo no me llamaste?, hubiésemos al menos llorado juntas"...
Gaby me presentó a su tío adorado porque quería un buen hombre para mí.
Patricia destinó un sábado por la noche para enseñarme tejido.
Gaby me tocó el timbre con empanadas el día después de saber que había perdido a mamá.
Charly me mandaba un mail telegráfico para saber si estaba mejor.
Luciano no dejó de enviar su mail mensual para ver cómo estaba.
José soportó la angustia posterior a la suma de varias pérdidas.
Beba se preocupó, me preparó comidas ricas y me alentó a trabajar para estar mejor.
Fueron muchos los gestos incluso de gente que desconocía que estuviera pasando por un mal momento pero que puso una sonrisa en mi cara con una palabra.
A todos ellos les estaba enormemente agradecida.
Redacté un mail especial para cada uno.
No podía faltar la persona con quien hacía meses había terminado una relación amorosa. Fue la persona que me hizo sentir viva otra vez. El tambien fue el destinatario de mi envío especial.
Pero nunca imaginé que iba a recibir su llamado. Era Ariel.
Conversamos casi una hora al teléfono cuando mis hijas propusieron que lo invitara a cenar. Aceptó. Aquí lo teníamos a las 20.30. Charlamos mucho, tanto, que se hicieron las 7 de la mañana.
Lo que no teníamos previsto ninguno de los dos, fue el beso y abrazo de despedida.
Fue especial. Ambos lo estábamos necesitando. Se sintió maravillosamente.
Luego de eso vino el gran planteo: qué nos pasa.
A la semana siguiente fuimos a tomar un té y nos pusimos a charlar sobre lo que había pasado ese día. A pesar de las dudas, y habiendo aclarado los motivos del corte abrupto del año anterior, reanudamos la relación. Ambos estábamos cambiados luego de un 1 año de separación. Hoy creo que estuvo bueno este paréntesis. La relación ahora es diferente, más comprometida. Hoy estoy segura que valió la pena esperar.
lunes, 7 de abril de 2008
El Día del Amigo
Etiquetas:
amigos,
reencuentro
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