[ Rituales tranquilizadores ]
Las primeras noches solas fueron dueñas de grandes tormentas. La mayor reaccionó autoagrediéndose. Volaban literalmente sillas de tanto enojo. Las discusiones eran acaloradas y los reproches inmensos. Ella era muy conciente de toda la situación y lamentablemente había sido testigo de muchas discusiones de adultos. Escuché muchos reproches de su boca. El adjetivo "mamá mala" empezó a acuñarlo por aquellos días. Yo estaba deshecha. Jamás hubiese querido herir así a mis hijas. Jamás pretendí ser quien ocasionara la ruptura de una pareja. Cuando me lo permitió, traté de hablarle. Elegí un lenguaje directo. Puse límites a lo que le explicaba. La explicación más sencilla que encontré fue que su papá y yo habíamos podido llegar hasta aquí como pareja pero que no dudara que estaríamos siempre presente como padres. Eso no le iba a faltar. Fue mi compromiso. También hablamos de las muchas parejas que van por la vida, algunas siguen eligiéndose porque se quieren, otras se muestran contentas pero sienten cosas diferentes puertas adentros, y algunas, como en el caso de su papá y yo, preferimos enfrentar la verdad.
Durante todas esas noches me pasé largas horas en su cuarto, hasta que las vencía el sueño. Me pedían cuentos que inventaba a partir de algún hecho cotidiano. La más chiquita desde ese entonces me pide la mano. Se duerme tomada de mi mano. Muchas veces no pude ser fuerte. Me sentaba en la alfombra del cuarto y lloraba tanto como los gritos que esa criatura, la mayor, daba demostrando su angustia. La más chiquita, cuando tomó conciencia de lo sucedido (tenía algo más de 2 años) optó por los gritos silenciosos, los broncoespasmos. El primero fue un llanto desconsolador frente a la puerta de casa pidiendo por su papá. Al mes siguiente se sucedieron y multiplicaron los episodios de crisis con cada broncoespamo. Aprendí a actuar en esos momentos, recurrí a la urgencia y luego a los especialistas. Recibí apoyo de un equipo de profesionales, incluso psicólogos. Traté de aprender y como me pidieron los mismos médicos de cabecera, serenarme. Eso es lo que estaban necesitando mis hijas.
jueves, 3 de abril de 2008
El cuento y la mano velan sus sueños
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