lunes, 7 de abril de 2008

Vacaciones en pareja

[alejados del mundanal ruido]

Aunque parezca absurdo, jamás conviví con mi ex marido antes de la luna de miel y las vacaciones juntos representaba un pequeño proyecto conjunto y quizás también la pregunta de cómo nos llevaríamos, ya que salvo los fines de semana, nunca había compartido más días juntos. A Ariel le encantan las montañas, soñaba hace tiempo visitarlas, y como recién venía de estar en la playa con las nenas, partimos hacia Bariloche.
Son 1600 km en auto, con lo cual, compartimos la conducción. El viaje de ida lo hicimos de un tirón, la vuelta la disfrutamos por tramos, incluso parando en lugares desconocidos pero que nos conquistaron enormemente, pernoctamos en Tornquist, almorzamos en Casa de Piedra, un restaurante de Sierra de la Ventana, y paseamos por las callecitas pintorescas de Villa Ventana. Supongo que queríamos dilatar nuestro regreso, por tanto, fuimos haciendo el trayecto sin mayores planficaciones previas.
En Bariloche alquilamos una cabaña frente al Nahuel Huapi. Hicimos una vida muy casera, con algunas caminatas y salidas para cenar. No frecuentamos el Centro de la ciudad, porque estábamos a 7 km y preferíamos quedarnos por allí. Sólo acudimos por trámites o para comprar sus ricos chocolates.
El lugar que más nos atrapó fue Bahía Lopez. Nos recostábamos bajo un árbol y pasábamos 8 horas sólo viendo el paisaje lacustre y las piedras y montañas de los alrededores. Leíamos, conversábamos, tomábamos mate. Simple, pero sumamente relajante.
Cuando tomamos la ruta de regreso sentimos que dejábamos un lugar que nos hipnotizó por completo. Ariel disfruta de ese paisaje tanto como yo. A mí me trasmite mucha paz estar frente a un espejo de agua, ya sea un lago o un mar. Me ubica en otra dimensión.
Si bien en principio no teníamos planeado ir de vacaciones juntos (todo surgió de una conversación casual), hoy no nos arrepentimos. Nos llevamos muy bien. Ambos podemos ser muy simples en los gustos y la conviviencia fue tranquila.

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